VICIOS DEL LENGUAJE

Al abordar el estudio sistemático de la comunicación verbal es importante adentrarnos no sólo en aquellos rubros que han de enriquecer nuestro acervo lingüístico, como el aprendizaje de nuevo y mejor vocabulario, el conocimiento de las figuras retóricas o las diferencias dialectales que se conforman alrededor de las lenguas, sino también identificar los escollos en el mismo lenguaje, que entorpecen, cuando no imposibilitan, el intercambio de experiencias. Como locutores, nuestra responsabilidad se incrementa sensiblemente, toda vez que nuestra ejecución del discurso verbal se convierte, eventualmente, en un modelo para los oyentes, ya sea a través de la radio, la televisión o cualesquiera medios audiovisuales, y aún escritos, en los que desempeñemos nuestro quehacer profesional. Por ello, debemos ser cuidadosos en el uso de un lenguaje apropiado, sin que ello nos haga perder la modernidad y la frescura que, por otro lado, nos requieren los medios electrónicos. Así, desde esta perspectiva, desprendemos lo relativo a los Vicios del Lenguaje, entendiendo los mismos como los factores que alteran el flujo normal de la experiencia comunicativo verbal. Sacrificando ligeramente el purismo conceptual de la RETÓRlCA (del griego "retor", retador; o sea, el alternante comunicacional) podríamos decir que, al referirnos a los vicios del lenguaje, indirectamente aludimos al opuesto de la Retórica; es decir, que los vicios vendrían a ser algo así como la contrarretóríca. A veces por simplismo, por negligencia o por miopía, se ha definido la Retórica como "el arte de embellecer la lengua". Efectivamente, es atribución de esta disciplina embellecer la comunicación verbal, pero, ni es la lengua el único objeto de estudio retórico (todos y cada uno de los distintos lenguajes constituye interés para la Retórica), ni es el embellecimiento la única finalidad del quehacer retórico, pues el enriquecimiento del discurso puede tanto embellecer el contenido como afearlo, sublimarlo o darle multitud de matices, que a fin de cuentas dan lugar a las ampliamente investigadas figuras retóricas. Concibamos pues la Retórica como la disciplina de la comunicación, que estudia y desarrolla los recursos poético-creativos de la persuasión. Esto es, busca el convencimiento de nuestra contraparte comunicacional mediante la adecuación del discurso a las necesidades contextuales y a las expectativas del receptor como parte integrante de una subcultura, con parámetros de conducta relativamente previsibles. Enlazando los rubros de la comunicación verbal, no verbal y visual, podemos inferir que el campo de acción de la Retórica es realmente vasto y tiene parentesco con otros estudios como los proxémicos, los dialectales y los fáticos; nuestra manera de hablar, de caminar, de vestirnos, de comer, etc., guardan estrecha relación con las posibilidades de la persuasión. Ciertamente, son los soportes lingüístico y visual los que mayores investigaciones han merecido al respecto, pero tanto en ellos como en todos los otros lenguajes humanos, el usuario se vale de la Retórica como una herramienta no menos cotidiana que el cepillo de dientes. Nuestra comunicación habitual se halla retorizada por completo; lo extraño sería, acaso, el no empleo de la Retórica, pues ello equivaldría a limitar nuestros contactos a soportes apenas remáticos (de significados llanos o meramente descriptivos). Resulta evidente que el mismo contenido puede trabajarse, combinando interminablemente el centenar y fracción de las figuras más conocidas; sin embargo, en ese tránsito hacia el dominio del lenguaje, resulta fácil caer en los errores tipificados como vicios del lenguaje, construcciones poco cuidadas, expresiones defectuosas, manejos negligentes o simple ignorancia. Y es que la frontera entre la Retórica y los vicios es tan breve que apenas se distinguen por la firme intención de dar al discurso cierto matiz y por el contexto en que tiene lugar. Así, son nueve los vicios del lenguaje identificados por su asiduidad. No son los únicos, pero sí en los que se incurre con mayor frecuencia. Por su naturaleza, los vicios del lenguaje se dividen en tres grupos: VICIOS PRAGMÁTICOS: Se llaman así porque surgen "sobre la marcha". Es decir, ocurren por el sólo hecho de emplear alguna forma lingüística fuera de la convención, por temporalidad. La forma gramatical puede ser correcta y el significado preciso, quedando los niveles sintáctico y semántica cubiertos, pero por la utilización de formas antiguas o inventadas la comunicación se obstaculiza. Son de dos tipos: arcaísmos y neologismos. Arcaísmos.- Son todas aquellas palabras cuyo uso ha sido descontinuado del habla y la escritura cotidianas. Generalmente son sustituidas por nuevas palabras convencionalizadas, aunque también ocurre con frecuencia que desaparezcan cuando los objetos a que hacen referencia dejan de utilizarse. En virtud de las diferencias dialectales de una misma lengua, los arcaísmos pueden variar de un país, región o localidad a otros. Por ejemplo, en México, la segunda persona del plural en la forma vosotros es arcaica (vosotros, vuestro, tendréis, decíais, etc.), mientras en otras naciones hispanoparlantes no lo es. Otros ejemplos son la preposición cabe “junto a”(ojo, un ejemplo no válido es “cabe mencionar”, pues se refiere al verbo caber) y palabras como aguamanil (artilugio de limpieza personal hoy inexistente), azas (bastante), etc. Neologismos.- Regularmente, las lenguas evolucionan de acuerdo con los avances literarios, científicos y tecnológicos, de tal suerte que, así como algunas palabras "envejecen", transformándose o muriendo, otras nuevas surgen para referirse a nuevos objetos o para suplir a formas antiguas. Esto es un proceso regular en el cual ocurren, sin embargo, alteraciones que deforman la lengua cuando se inventa o construye alguna palabra fuera de las convenciones y con pocas posibilidades de integrarse adecuadamente al sistema. Ello sucede si la palabra inventada se suma a otras que no van a ser sustituidas; o bien, si el "inventor" acuña construcciones lingüísticas bromistas o exageradamente localistas. Ejemplos: "Eso es enojante", "estoy stressado". VICIOS SINTACTICOS: Este tipo de problemas es el que más afecta la comunicación lingüística, en la medida en que rompe directamente la estructura gramatical. Esto es, independientemente de que las palabras utilizadas correspondan al conjunto de la convención (que sean pragmáticmante apropiadas) y de que su sentido sea legible para el usuario (semánticamente útiles), el acomodo o posicionamiento que adoptan en los enunciados complican la temporalidad, la espacialidad, el ritmo y/o la armonía del conjunto. Catacresis.- Sucede cuando se emplea una palabra por otra, que también existe, aunque con significado distinto. Su existencia puede implicar problemas de acentuación diacrítica. Existen abundantes ejemplos de catacresis, algunos de los cuales han sido descritos antes, cuando hablamos del acento diacrítico (ver), pero además tenemos otros como estos: Haya-halla-Aya-allá, vaya-valla-baya, perjuicios-prejuicios, vértice-vórtice, ha-ah-a, he-eh-e, oh-o-ó. Solecismo.- Es de varias naturalezas: a) cuando en una frase "sobran" (decir, por ejemplo Debes de obedecer a tu papá, en vez de Debes obedecer a tu papá, recordando que ambas formas existen, pero con significados distintos) o "faltan" palabras (Voy ir, en vez de Voy a ir), b) cuando en una palabra “sobran" (trajistes, hicistes, pudistes, comprastes, etc., en vez de trajiste,hiciste, pudiste, compraste) o "faltan" letras (gasolinera en vez de gasolinería), c) cuando se emplea un dativo como acusativo (le vi en vez de lo vi o de la vi),d) cuando, sin justificación, se comprime el lenguaje (deja veo), o cuando se usan unos verbos por otros (no te hagas el occiso). Monotonía.- En términos generales, la Monotonía es la carencia de un vocabulario suficiente para abordar una comunicación determinada. Por ejemplo: "Este, mmh, ¿sí?, ¿no?, o sea, pues, esto es, etc. De la Monotonía se desprenden algunas variantes como: a) queísmo (abuso de la palabra "que"-. "Quiero que le digas a tu mamá que si no viene a ver que comportamiento tienes, que no diga luego que no se lo advertí y que no pretenda que te demos la carta de buena conducta que te van a pedir para que entres a la secundaria'), b) cosismo (abuso de la palabra "cosa": "La comunicación es una cosa muy importante porque nos enseña cosas valiosas'), c) alguismo (abuso de la palabra "algo": "Tengo algo que contarte'), d) teveísmo (imitación del habla de la televisión: "¡Repámpanos, recórcholis! y otras expresiones que sin ser necesariamente incorrectas, son inusuales en un contexto determinado). Pleonasmo.- Es la repetición, sin sentido, de un mismo concepto con palabras sinónimas o con frases análogas. Ejemplos: "Subir para arriba, bajar para abajo, salir para afuera, lapsos de tiempo, los problemas difíciles de una ciudad no tienen soluciones fáciles. Cacofonía.- Se refiere a la construcción de frases cuya estructura resulta desagradable a la escucha, por convención. Tanto molestan tantos tontos cuanto un solo tonto no tanto. VICIOS SEMÁNTICOS: Son los que, aun sin alterar los órdenes pragmático o sintáctico, oscurecen el significado o lo atacan directamente mediante la inclusión de vocablos extraños con equivalencia en la lengua natural. Anfibología.- Del griego Anfibolos, significa ambiguo o equívoco. Es el oscurecimiento del significado. Cuando una frase presenta problemas semánticos, se da lugar a dobles sentidos o a sentidos desfigurados que confunden al usuario. Luis va a casa de Paco en su coche (¿en el coche de quién?) Alejandro recomienda a Rafael a Octavio (¿a quién recomienda con quién?) Un hombre golpeó a otro con un martillo por mujeriego. Está detenido. (-¿quién está detenido y por qué?, ¿quién es el mujeriego?, quién tenía el martillo?) Murió de un infarto siendo enterrado en el jardín (¿qué pasó primero?) Leche de vaca pasteurizada (¿hay vacas pasteurizadas?) Medias para damas de seda (¿hay damas de algodón?) Dormía como bestia, sobre su vieja, estera San Francisco de Asís, en vez de Dormía como vestía, sobre su vieja estera: San Francisco de Asís. Barbarismos.- Proveniente del latinismo "barbarum", la palabra bárbaro tiene dos acepciones: una que se refiere a lo bárbaro como extranjero (los romanos llamaban bárbaros a los pobladores fuera de su imperio) y otra que convierte el vocablo en sinónimo de salvaje (también los romanos consideraban que esos pueblos extranjeros eran salvajes, de tal forma que la doble acepción estaba asignada a los mismos individuos). De esta forma, tenemos dos clases de barbarismos: Barbarismos de importación (extranjerismos). Son todas aquellas palabras que siendo ajenas a la lengua natural se incorporan en la realización dialectal de alguna comunidad en vez de las formas idiomáticas correctas. Para el caso de México, los barbarismos de importación más destacados son los anglicismos, voces del inglés (particularmente el de los Estados Unidos) que sustituyen las voces hispanas injustificadamente: "oquei, bai, elit, omaigad, jai, gelou, maidir, restaurant, nais", etc.; los galicismos, voces francesas cuya intromisión es igualmente perniciosa: "debut, premier,avalancha, restorán, tualé, revancha", etc.; los italianismos-. "facha, bambineto, chao", etc. Barbarismos de expresión ("salvajismos"). Son aquellas palabras que teniendo su origen en la lengua natural, adoptan formas degenerativas. Tienen tres naturalezas distintas: palabras mal escritas: sanoria, juites, venites, desdendenantes, solidaridá, le'letricidá, l'otro, ocsesión, pecsi, picsa, ansina, etc.; palabras mal acentuadas: exámen, imágen, diferencía, distancía, financía, etc. y; expresiones defectuosas: qué onda, qué oso, chale, pos, ta´bien, on´toy, etc.

Por abel
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